15.02.2010, 10:12
lo lei y lo quise compartir, que opinan?
Educadas o analfabetas, muchas mujeres islámicas tienen algo en común: usan el velo
MADRID.— Son jóvenes, independientes, profesionistas y musulmanas. Unas llevan algunos años en España, otras han nacido aquí, y todas proceden de países tan variados como Marruecos, Siria, Túnez o Argelia. Son las nuevas generaciones de mujeres musulmanas. Las que luchan por mostrar al mundo que el islam no es una religión que discrimina ni margina ni obliga a las mujeres a ser sumisas al hombre, sino que defiende la igualdad entre los dos sexos y son las leyes de cada país las que en algunos casos discriminan.
No son las únicas musulmanas que viven en este país. También las hay humildes, que no saben leer ni escribir, y que han sido criadas en profundas aldeas de Paquistán o Afganistán. Son emigrantes económicas que viajaron a España para sobrevivir siguiendo a un marido y con un puñado de hijos a cuestas. Por ley no pueden trabajar, así que carecen de independencia económica, lo que les lleva muchas veces a repetir en España los roles del patriarcado.
Unas y otras tienen algo en común: cubren su cabeza con un pañuelo llamado hiyab. Las primeras dicen que no tienen un padre ni un marido que las obligue, que se lo ponen por su religión. Algunas usan incluso pantalones ajustados o minifaldas pero sin mostrar el cabello.
Las segundas ni se plantean salir sin el velo; sería como salir desnudas. Son estrictas practicantes del islam y no sólo llevan el pañuelo sino que, por respeto al varón, a la familia y a la tradición, no tocan a ningún hombre que no sea de su familia. Unas y otras tienen coinciden en algo: están cansadas de sentirse discriminadas y rechazadas. Tras los atentados terroristas a manos de islamistas de Al-Qaeda el 11 de marzo de 2004 en Madrid, muchas pensaron que los ataques a la comunidad musulmana se iban a convertir en algo habitual.
Sin embargo, aunque hubo algunas denuncias en los meses posteriores, no creció la islamofobia. Lo que sí es cierto es que desde 2002 las encuestas muestran un creciente sentimiento de rechazo hacia el más de un millón de musulmanes —la mitad mujeres— que viven en este país y la vinculación entre terrorismo e inmigración también es mayor.
Sirin Adlbi nació en España hace 27 años, aunque sus padres son de origen sirio. Es investigadora en Estudios Árabes, Islámicos y Orientales y experta en feminismo e islam. Dice que lleva el hiyab, al igual que la mayoría de las mujeres musulmanas, por convicción religiosa, no porque alguien la obligue. “Es una muestra de mi amor a Dios y lo llevo exactamente igual que si tú llevaras una cruz colgada”, asegura en entrevista con EL UNIVERSAL. Adlbi aclara que en el Corán el hiyab es un precepto religioso. “En la aleya (equivalente al versículo en la Biblia) se dice que es obligatorio llevarlo pero no por no llevarlo se deja de ser musulmana”. En este sentido, recuerda que las judías deben llevar el cabello tapado “y algunas incluso se ponen peluca, pero de ellas no se habla tanto en los medios de comunicación como tampoco se les pregunta a las monjas por qué llevan toca”. Sirin reconoce que hay algunos países como Irán en el que es obligatorio llevar shador (una pieza de tela que cubre todo el cuerpo, menos la cara y las manos), aunque aclara que allí las obliga la ley, no el Corán.
Adlbi también se refiere al divorcio y explica que el Corán no lo prohíbe. “Es la presión social que existe en algunos países árabes la que dificulta que se lleve a cabo”. Y si se le pregunta por el sexo, explica que el Corán “bendice una vida sexual plena para los cónyuges sin necesidad de que sea para procrear, como ocurre en otras religiones”. En este sentido y si hablamos del aborto, comenta que se permite “bajo algunos supuestos y hasta los 40 días de embarazo”. Con respecto a la poligamia, regulada en el islam, especifica que el varón sólo puede casarse con 4 mujeres “pero la aleya aclara que el marido debe ser absolutamente equitativo con todas a la vez, y en la propia aleya se dice: “Y no lo podréis ser, de manera que la interpretación que muchos pensadores e intelectuales musulmanes hacen es que es una forma de decir a los hombres que no la practiquen”. En este sentido, la joven añade que aunque “en el islam la poligamia es un derecho, no es una realidad extendida como dicen los medios de comunicación. En cambio, en España no es un derecho, pero sí es un hecho porque muchos hombres la ejercen. Tienen a la amante y a la amiga con derecho a roce…”, bromea.
Al igual que Adlbi, Zoubida Barik Edidi, también es musulmana y también lleva velo. Nacida en Marruecos pero de nacionalidad española, desde el día en que entró a formar parte del Colegio de Abogados de Madrid y hasta hace unas semanas nunca había tenido problemas por ir a los juicios con la cabeza cubierta. Sin embargo, hace unos días el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez le invitó a abandonar la sala por llevarlo. “No puedo entender cómo una persona que se supone ha de tener un mayor conocimiento de las leyes y de la Carta Magna puede hacer eso”, explica. “La actitud del magistrado fue un acto de discriminación”, denuncia.
Miradas de recelo
Adlbi también a veces se siente discriminada. “Cuando voy en el metro nunca paso inadvertida, siempre recibo varios tipos de miradas: hay quien me mira con cara de pena y me sonríe, hay quien me mira con odio, hay quien me mira con recelo y, cuando voy leyendo un manual de teoría política, hay quien me mira con sorpresa, como pensando, ¿qué está leyendo esta mora?”, explica.
La joven asegura que Madrid todavía está muy lejos de ser una ciudad como Londres “donde hace unos años vi a una cajera de un supermercado trabajar con el hiyab, algo imposible que ocurra aquí”. Aunque reconoce que tras los atentados del 11 de marzo la sociedad española demostró un “civismo tremendo, ya que no se produjo esa locura colectiva que hubo en Estados Unidos contra los musulmanes”.
Adlbi recuerda aquel día con mucho dolor. “En cuanto nos enteramos de lo ocurrido, un grupo de musulmanes y yo fuimos a la estación de Atocha (uno de los lugares donde explotaron las bombas) con centros de flores en honor a las víctimas”, relata. “Fue muy doloroso porque yo soy española pero también soy musulmana, y ver cómo unos terroristas asesinan en nombre del islam, de mi religión, es horrible, tremendo, incomprensible. Ningún acto terrorista, ningún acto de barbarie se puede justificar desde la religión”.
Educadas o analfabetas, muchas mujeres islámicas tienen algo en común: usan el velo
MADRID.— Son jóvenes, independientes, profesionistas y musulmanas. Unas llevan algunos años en España, otras han nacido aquí, y todas proceden de países tan variados como Marruecos, Siria, Túnez o Argelia. Son las nuevas generaciones de mujeres musulmanas. Las que luchan por mostrar al mundo que el islam no es una religión que discrimina ni margina ni obliga a las mujeres a ser sumisas al hombre, sino que defiende la igualdad entre los dos sexos y son las leyes de cada país las que en algunos casos discriminan.
No son las únicas musulmanas que viven en este país. También las hay humildes, que no saben leer ni escribir, y que han sido criadas en profundas aldeas de Paquistán o Afganistán. Son emigrantes económicas que viajaron a España para sobrevivir siguiendo a un marido y con un puñado de hijos a cuestas. Por ley no pueden trabajar, así que carecen de independencia económica, lo que les lleva muchas veces a repetir en España los roles del patriarcado.
Unas y otras tienen algo en común: cubren su cabeza con un pañuelo llamado hiyab. Las primeras dicen que no tienen un padre ni un marido que las obligue, que se lo ponen por su religión. Algunas usan incluso pantalones ajustados o minifaldas pero sin mostrar el cabello.
Las segundas ni se plantean salir sin el velo; sería como salir desnudas. Son estrictas practicantes del islam y no sólo llevan el pañuelo sino que, por respeto al varón, a la familia y a la tradición, no tocan a ningún hombre que no sea de su familia. Unas y otras tienen coinciden en algo: están cansadas de sentirse discriminadas y rechazadas. Tras los atentados terroristas a manos de islamistas de Al-Qaeda el 11 de marzo de 2004 en Madrid, muchas pensaron que los ataques a la comunidad musulmana se iban a convertir en algo habitual.
Sin embargo, aunque hubo algunas denuncias en los meses posteriores, no creció la islamofobia. Lo que sí es cierto es que desde 2002 las encuestas muestran un creciente sentimiento de rechazo hacia el más de un millón de musulmanes —la mitad mujeres— que viven en este país y la vinculación entre terrorismo e inmigración también es mayor.
Sirin Adlbi nació en España hace 27 años, aunque sus padres son de origen sirio. Es investigadora en Estudios Árabes, Islámicos y Orientales y experta en feminismo e islam. Dice que lleva el hiyab, al igual que la mayoría de las mujeres musulmanas, por convicción religiosa, no porque alguien la obligue. “Es una muestra de mi amor a Dios y lo llevo exactamente igual que si tú llevaras una cruz colgada”, asegura en entrevista con EL UNIVERSAL. Adlbi aclara que en el Corán el hiyab es un precepto religioso. “En la aleya (equivalente al versículo en la Biblia) se dice que es obligatorio llevarlo pero no por no llevarlo se deja de ser musulmana”. En este sentido, recuerda que las judías deben llevar el cabello tapado “y algunas incluso se ponen peluca, pero de ellas no se habla tanto en los medios de comunicación como tampoco se les pregunta a las monjas por qué llevan toca”. Sirin reconoce que hay algunos países como Irán en el que es obligatorio llevar shador (una pieza de tela que cubre todo el cuerpo, menos la cara y las manos), aunque aclara que allí las obliga la ley, no el Corán.
Adlbi también se refiere al divorcio y explica que el Corán no lo prohíbe. “Es la presión social que existe en algunos países árabes la que dificulta que se lleve a cabo”. Y si se le pregunta por el sexo, explica que el Corán “bendice una vida sexual plena para los cónyuges sin necesidad de que sea para procrear, como ocurre en otras religiones”. En este sentido y si hablamos del aborto, comenta que se permite “bajo algunos supuestos y hasta los 40 días de embarazo”. Con respecto a la poligamia, regulada en el islam, especifica que el varón sólo puede casarse con 4 mujeres “pero la aleya aclara que el marido debe ser absolutamente equitativo con todas a la vez, y en la propia aleya se dice: “Y no lo podréis ser, de manera que la interpretación que muchos pensadores e intelectuales musulmanes hacen es que es una forma de decir a los hombres que no la practiquen”. En este sentido, la joven añade que aunque “en el islam la poligamia es un derecho, no es una realidad extendida como dicen los medios de comunicación. En cambio, en España no es un derecho, pero sí es un hecho porque muchos hombres la ejercen. Tienen a la amante y a la amiga con derecho a roce…”, bromea.
Al igual que Adlbi, Zoubida Barik Edidi, también es musulmana y también lleva velo. Nacida en Marruecos pero de nacionalidad española, desde el día en que entró a formar parte del Colegio de Abogados de Madrid y hasta hace unas semanas nunca había tenido problemas por ir a los juicios con la cabeza cubierta. Sin embargo, hace unos días el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez le invitó a abandonar la sala por llevarlo. “No puedo entender cómo una persona que se supone ha de tener un mayor conocimiento de las leyes y de la Carta Magna puede hacer eso”, explica. “La actitud del magistrado fue un acto de discriminación”, denuncia.
Miradas de recelo
Adlbi también a veces se siente discriminada. “Cuando voy en el metro nunca paso inadvertida, siempre recibo varios tipos de miradas: hay quien me mira con cara de pena y me sonríe, hay quien me mira con odio, hay quien me mira con recelo y, cuando voy leyendo un manual de teoría política, hay quien me mira con sorpresa, como pensando, ¿qué está leyendo esta mora?”, explica.
La joven asegura que Madrid todavía está muy lejos de ser una ciudad como Londres “donde hace unos años vi a una cajera de un supermercado trabajar con el hiyab, algo imposible que ocurra aquí”. Aunque reconoce que tras los atentados del 11 de marzo la sociedad española demostró un “civismo tremendo, ya que no se produjo esa locura colectiva que hubo en Estados Unidos contra los musulmanes”.
Adlbi recuerda aquel día con mucho dolor. “En cuanto nos enteramos de lo ocurrido, un grupo de musulmanes y yo fuimos a la estación de Atocha (uno de los lugares donde explotaron las bombas) con centros de flores en honor a las víctimas”, relata. “Fue muy doloroso porque yo soy española pero también soy musulmana, y ver cómo unos terroristas asesinan en nombre del islam, de mi religión, es horrible, tremendo, incomprensible. Ningún acto terrorista, ningún acto de barbarie se puede justificar desde la religión”.
les doy la razón a Marco y Dany.